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Foto hecha por Etheldreda Laing a sus hijas, Janet e Iris, en el jardín de su casa en Oxford, 1908

Queridos míos:

Hace una semana estuve en Londres y una vez más comprobé que ciertamente es la mejor ciudad del mundo. Para los millonarios. Me ocurre que al poner un pie en sus calles al instante siento el aliento de Dickens en mi nuca. Se me tizna la carita de carbón, me crecen mitones en las manos y cuento las cerillas que me quedan para pasar el día. Es curioso lo que me sucede con la Pérfida Albión: soy a la vez anglófoba y anglófila. Explicar lo primero me llevaría mucho tiempo, pero lo segundo creo que es muy fácil de entender y contagiar. La cultura británica tiene tal peso en mi vida y en mi imaginario que siempre me ha costado entender cómo una isla tan pequeña podía exportar tal volumen de genialidad. Es un caso parecido al de Japón. Su condición geográfica y otros factores crean el caldo de cultivo perfecto para la excentricidad y la grandeza, incluyendo las connotaciones odiosas de la segunda palabra. 

Pero esta carta está dedicada al verano inglés, ese verano verde de mansiones en la campiña al que me teletransporté tantas veces en la infancia por medio de los libros. Un verano de pasillos misteriosos, internados terribles, sutilezas indescifrables, herencias inesperadas, misteriosos asesinatos y los jardines mejor descritos de la literatura. Un mundo al que me encantaba entrar pero sobre todo del que me aliviaba salir en cuanto cerraba el libro (anglófila y anglófoba desde la más tierna infancia). Me repelía el clasismo estomagante, la complicación innecesaria en las relaciones, la falta de sinceridad. Y al mismo tiempo estas historias me atraían como un imán, quizá porque estaban llenas de personajes más excéntricos y brillantes que los del resto de libros.

Para algunos fue Jane Austen, Enid Blyton o Emily Brontë, para mí, como ya os conté, fue Agatha Christie. Pero creo que todos encontramos en nuestra infancia esa puerta a una Gran Bretaña imaginada. Mi idea hoy es que volvamos a abrirla por un ratito (¡incluso aunque estéis en su versión real!) y recordemos algunos de esos elementos del verano británico que han fascinado a tantas generaciones.

👁 El imaginario

Más imágenes aquí (Keira Knightley included).

🕯La atmósfera

Hay muchas novelas ambientadas en torno a una mansión que logran transportarte a ella. Pero «Anoche soñé que regresaba a Manderley...» no se ha convertido en un comienzo mítico de la literatura por nada. Os prometo que al escribirlo se me ha puesto la carne de gallina. Rebecca no es una novela de terror, pero tampoco es el simple gothic romance que se consideró durante mucho tiempo. La relación entre sus personajes femeninos da para varias tesis y desde el punto de vista puramente literario es una obra maestra de la ambientación y el suspense.1

🎶 La canción


Permitidme que me marque un Sofia Coppola y le ponga a esta carta una banda sonora anacrónica, porque Country House de Blur es el tema perfecto para resumir esa mezcla de anglofilia y anglofobia que sufren más que nadie los propios ingleses.

🍸 El «digestivo»

Lo siento, pero no voy a hablar de té ni de Pimm’s sino de una bebida que probé por primera vez en un jardín. Consiste en mezclar ginger ale, con un poco de vodka, hielo y hierbabuena. Por lo que veo es una versión simple del Moscow Mule, que es un cóctel americano, pero a mí me pareció una bebida muy inglesa. ¿Por qué? Pues porque el ginger ale es típico de damas propensas al vahído que tienen que poner los pies en alto (preferentemente sobre alguien), porque la hierbabuena le da un toque colonial y porque te puedes beber treinta y cinco sin enterarte.

🏰 La rareza

La novela gótica es un género predominantemente británico con una larguísima descendencia en la cultura occidental. Uno de sus hijos, pequeño, tardío y muy curioso es el gothic romance. Un tipo de novela escrito por mujeres para mujeres en el que las protagonistas femeninas no son atormentadas por vampiros, ni nobles, ni malvados millonarios sino por mansiones. ¡Mansiones! Este binomio mujer-casa es una de mis obsesiones recientes. Aquí tenéis un artículo genial sobre las casas en la literatura inglesa y en mi hilo preferido de Twitter podéis ver la representación gráfica del gothic romancemujeres bellas, caserones terribles y pelazo, mucho pelazo

🙋🏻‍♀️ El spam




Si me seguís en redes sociales ya lo habréis visto, pero si no, aquí tenéis mi última columna para Vanity Fair, en la que cuento sin ningún tipo de pudor cómo me propuse ser samurai.

🕰 El regalo


Estamos acostumbrados a ver el pasado en blanco y negro pero por suerte existen placas autocromas de hace un siglo que nos muestran la era eduardiana en todo su esplendor. Es increíble cómo el color hace que podamos apreciar mejor las texturas, que nos creamos que estas personas eran de carne hueso y que podamos dar una imagen realista a las escenas que apenas podíamos visualizar mientras leíamos. Estoy obsesionada especialmente con la figura de Olive Edislas fotos que Etheldreda Laing hizo a sus hijas y con la serie de Christina, esa chica de 1913 que hace unos años se convirtió en la estrella de Tumblr. Pero con esta simple búsqueda en google podéis pasar horas buceando en el pasado.
Por fin he hecho mi lista de deberes veraniegos. La podéis ver en mi perfil de Instagram, en historias destacadas. Aún estáis a tiempo de mandarme las vuestras. 

Nos leemos el próximo sábado. Esta semana os recomiendo que sufráis secretamente por amor, invoquéis alguna maldición y finjáis al menos un desmayo.

Con cariño,
Carmen
 
P.D.:

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1. También podéis ver la adaptación al cine que hizo Hitchcock. En la película respetan un detalle genial de la novela: nunca se dice el nombre de la protagonista. Si veis o leéis la historia entenderéis por qué.

2. Me alucina el origen del la expresión que da título a esta carta.
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