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Uma Thurman en Pulp Fiction (1994).
Queridos míos:

Hace unos días en una charla me preguntaron qué pensaría mi yo más joven de la vida que llevo ahora. Es una de esas cuestiones vitales a las que siempre da miedo enfrentarse, pero al verme por sorpresa a los pies del abismo me di cuenta de que no tenía nada que temer: mi yo veinteañera estaría feliz y aliviada de comprobar en qué me he convertido. Sin embargo, si mi yo adolescente supiera que voy a dedicarle una carta a sus veranos, me gritaría, me interrumpiría con un portazo mientras trato de explicarle y me retiraría la palabra durante varios días. Tengo que darle la razón. Aquellos veranos fueron los peores de mi vida, no puedo engañarme. Fueron meses de soledad, incomprensión, angustia vital y crudo existencialismo (literal y literariamente porque me dio por leer a Sartre). Y sin embargo, yo que me quejo de la nostalgia boba egebeista tengo que reconocer que los echo de menos. ¿Por qué? No lo sé muy bien. Pero se me ocurren varias razones:
  1.  Cada vez siento más necesidad de atesorar cualquier recuerdo de la era preinternet. A partir de los quince años mi vida cambiaría para siempre al cobrar una dimensión digital. No creo que nuestro mundo anterior fuera mejor o peor que este, pero era muy distinto. Y no quiero que se me olvide.
  2. Los noventa fueron los años de mi adolescencia y no hay época más extraña, dolorosa y mágica que esa
  3. Soy oficialmente una anciana y he empezado a idealizar y sentir nostalgia por cosas que odiaba.
Me decanto un poco por la tercera.

Según vuestra edad, tendréis un recuerdo diferente de aquellos años o ningún recuerdo en absoluto. Y sin embargo, estoy segura de que, como yo, conserváis en la memoria vuestros veranos de adolescencia como una época quizá dulce, quizá amarga, pero desde luego irrepetible.

👁 El imaginario

Más imágenes aquí (no me lo pasaba tan bien desde que a los quince forré por completo con fotos las paredes de mi cuarto).

🧜🏻‍♀️ La canción


La música de los noventa es tan inabarcable que solo con pensar en ello me he agobiado. ¿Qué tal si hacemos una lista entre todos? Tantos estilos, tantos temas, ¡y tan importantes en esos años! Al menos sí tengo claro con qué canción empezar. El primer concierto al que fui, con trece años, en verano y sin adultos ✌️, fue de Héroes del Silencio. En esa época tuve que convencer a una amiga de que no se tatuara a escondidas el mítico logo de la H y la S (espero que el karma algún día me devuelva tamaño gesto de bondad), pero ella consiguió contagiarme su pasión por el grupo. Me alegro de que una película tan maravillosa como Verónica haya puesto en valor el imaginario que creó esta banda y la influencia que tuvo en toda una generación de adolescentes.

👫 La peli

No hay un momento del cine que me recuerde más al verano y la adolescencia que el final de Mi chica (1991). ¿Soporta esta peli una revisión? No lo sé ni lo sabré porque no quiero volver a pasarlo nunca tan mal. Primeros besos, la llegada de la regla, obsesión con la muerte y verano interminable. Es la pubertad hecha película. Y no quiero hacer spoiler a los jovencitos que no la hayáis visto pero hay un tema de esta historia que está de rabiosa actualidad.1

🏊‍♂️ El olor

Hace muchos años mi compañero de trabajo y yo estábamos en una sala pensando ideas para una campaña. Como en este tipo de sesiones, cualquier cosa es posible, él acabó llevándose la base de goma de un cenicero a la nariz. Y descubrimos un olor que nos transportaba a los recuerdos más felices del verano. Después de un buen rato barajando qué era lo que nos recordaba (¿colchonetas? ¿flotadores? ¿esterillas?) dimos con la clave: olía a la goma de las antiguas gafas de bucear. Esa que siempre tenías pegada a la nariz. Si tenéis algunas gafas viejas por ahí, os recomiendo que las esniféis un poco. Y después me contáis qué tal.

🌞 El cómic

Aquel verano de Jillian y Mariko Tamaki no es un verano de los 90 y sin embargo, la sensación que este cómic me dejó fue igual de nostálgica, melancólica y a la vez feliz. Esta novela gráfica es capaz de crear una atmósfera evocadora, llena de sutilezas. Y refleja muy bien ese dolor del final de la infancia, cuando lo que atisbas del mundo adulto y el mundo adolescente, hasta ahora indescifrable, empieza por fin a cobrar sentido.

🙋🏻‍♀️ El spam

El fin de semana pasado mi hermana y yo estuvimos en el Salón del Cómic de Cangas, donde teníamos una pequeña exposición de nuestra obra conjunta. Mucha gente nos preguntó dónde podían comprar el libro de Divas de Diván. La respuesta es que aún no existe, pero por fin se publicará esta Navidad. Poneos un recordatorio para romper la hucha e ir a por él.

🕳 El juego


Una de las mejores cosas de mis veranos adolescentes fueron, sin duda, las aventuras gráficas. El mundo aún no estaba conectado, pero ya empezaba a forjarse una dimensión tan absorbente como fascinante. Sobre las de LucasArts o Sierra ya se ha hablando mucho, pero quiero recordaros esta joya de Cyberdreams. Hace poco volví a pasar horas en el mundo oscuro de Dark Seed (se puede jugar online aquí) y no creo que el misterioso atractivo que la hizo triunfar en su día haya envejecido en absoluto. 
Me despido aquí. Os deseo una semana de emoción, aburrimiento y algo de rabia. Todo a la vez.

Con cariño,
Carmen
 
P.D.:

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