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Ilustración de Belhoula Amir
Queridos míos:

Tenemos que hablar. Llevo un par de semanas dándole vueltas a algo. Cuando os mandé la carta sobre el Dolce Far Niente recibí bastantes respuestas de un cariz algo más personal que las que soléis escribirme. Y no dejo de pensar en vosotros. ¿Quizá deberíamos hablar más de estas cosas? Yo no soy psicóloga y OLA no es un consultorio, pero sé que cualquier texto sincero, cualquier experiencia que se comparta con el único fin de conectar con otros, funciona como una pequeña terapia
 
Hace muchos años me encontraba hundida. No me preguntéis qué me pasaba porque ni siquiera lo recuerdo con claridad. O no quiero acordarme. Las circunstancias objetivamente dramáticas que he atravesado en mi vida no se corresponden con los momentos de mayor sufrimiento y esto en sí mismo puede ser motivo de más tristeza y frustración. Seguro que algunos sabéis bien de qué os hablo. El caso es que en este momento horrible fui a casa de mis padres en Almería y una buena amiga me arrastró con ella a la playa. Era marzo. No sé por qué fuimos. Hacía mucho viento, las olas eran enormes y el agua estaba helada. Pero aún así, me puse un bañador y me lancé al mar. Mis problemas no desaparecieron como por arte de magia. Mi sufrimiento tampoco. Pero por un instante adquirieron la dimensión correcta respecto al mundo: mínima, irrelevante, prescindible

Cada vez que las olas rompían en aquella playa, durante al menos unos segundos, esa especie de visión túnel en la que estaba atrapada se diluía. Era capaz de ver mi existencia en perspectiva: nada importaba tanto. La naturaleza tiene ese efecto, a veces aterrador, de ponerte en tu lugar, de recordarte que no eres más que un organismo insignificante con ínfulas de consciencia.

Desde aquel día, siempre que tengo ocasión, trato de volver a ese estado mental. No nos engañemos, sólo dura un rato y si te encuentras como yo aquel día, es posible que aún te quede un larguísimo camino que recorrer hasta la superficie. Pero es un buen punto de referencia. En verano intento ir algún día a la playa y nadar hasta dejar de oír las voces de la gente. Ver solo azul a mi alrededor. Sentirme una partícula minúscula en la inmensidad el mar. Y conseguir por fin que mi ansiedad se disuelva.

👁 El imaginario

Más imágenes aquí.

🎶 El tema


Hay muchas canciones, de estilos radicalmente distintos, que encajarían con el tema de esta carta. Pero la intención es haceros sentir bien y para eso nunca fallan los clásicos. La Mer de Charles Trenet tiene una letra preciosa que habla de la grandeza del mar. La de Bobby Darin es una versión de letra cursi y facilona que habla sobre una historia de amor falsa que no le importa a nadie. Y sin embargo, esta es la que me transporta a mi lugar feliz. Qué le vamos a hacer.

🏊‍♂️ El instante


Ya sabéis que me hipnotizan las luces cáusticas. Será por eso que también me obsesionan las pinturas de reflejos. El hiperrealismo es un género que puede ser tan alucinante como hortera. Pero en algunas pinturas de Josep Moncada encuentro esa calma simple y fugaz, que transmite la mezcla de luz y agua.​

🧜‍♀️ El capricho

Recuerdo que la primera vez que probé las ostras pensé: esto es lo que deben de comer las sirenas. No puedo recomendar comer ostras a alguien las odia o que ha sufrido una intoxicación por su culpa. Pero sí que recordéis comer de vez en cuando cosas deliciosas y especiales, aunque sean caras, o precisamente porque lo son. Si además provienen del mar, el placer será doble.

✨ El fenómeno


Si en algún momento de esta semana os aburre la vida, hacedme el favor de recordar que existen criaturas bioluminiscentes capaces de hacer brillar el mar por la noche. Igual no estamos pensando suficiente en ello. Yo tuve la suerte de verlas en acción en la Laguna Grande de Puerto Rico, rodeada de manglares. Es una experiencia que no olvidaré nunca (entre otras cosas porque el resto de la excursión fue un desastre). Y vivo con la esperanza de volver a verme envuelta entre olas fluorescentes.

🙋🏻‍♀️ El spam


Esta es la ilustración preferida de mi hermana y ahora se puede comprar en formato tapiz. A falta de un ventanal que dé al ala oeste de tu jardín, buena es una diva de diván que te mire con reproche desde la pared.

💙 La terapia


Hay tantos y libros y películas sobre el mar y el agua que no me apetece recomendar ninguno. Casi todos los elementos del verano me gustan más cuando los observo a través de un filtro de nostalgia, de literatura y hasta de parcial desconocimiento o ingenuidad. En cambio nada supera ni es comparable a la experiencia real del mar. Esa vuelta a lo primario —las sensaciones físicas imponiéndose sobre nuestros bucles mentales—, el asombro constante de la piel contra el elemento extraño, impredecible. No creo que pueda recomendar nada mejor y más terapéutico. En verano soñamos con las piscinas y el mar bajo la excusa de refrescarnos, pero no es el cambio de temperatura lo que nos cura por dentro.
Me despido no sin antes dejaros aquí la lista de Spotify en la que una lectora ha recopilado todas las canciones que he recomendado en OLA. ♥️

Y ya sabéis, esta semana, mojaos.

Con cariño,
Carmen
 
P.D.:

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