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Approaching shadow. Hong Kong, 1954. Foto de Fan Ho.

Queridos míos:

Ha llegado el día. Esta es la última carta de verano que os mando. No me despido hasta la semana que viene, pero entonces será ya otoño y habremos atravesado esa frontera vital que para mí es mi cumpleaños (para vosotros no, obviamente, ¿pero quién manda las cartas aquí?). No os preocupéis, no voy a ponerme en modo folk/wiccan/fiestapaganademagodeoz. Dejadme solo que insista brevemente en la importancia del fin de las estaciones. Merecen más atención que el 31 de diciembre, una fecha completamente aleatoria que no se corresponde con ningún fenómeno natural. Así que espero que hayáis superado ya melancolías y depresiones postvacacionales varias y estéis redactando listas de propósitos y planes para afrontar esta etapa del año en que las noches son más largas que los días.

También es un buen momento para hacer un repaso mental de cómo ha sido nuestro verano. Yo no tengo ni una sola queja del mío. No he hecho nada especial, pero gracias a estas cartas me he reencontrado con zonas casi olvidadas de mi mundo interior, y sinceramente, no se me ocurre lugar mejor para pasar unas vacaciones. ¿Nunca habéis soñado que descubríais una habitación nueva en vuestra propia casa? (Esto es lo que mi amiga Rosa llama «sueños de pobres»). Pues es igual, solo que en vuestra mente. Suena muy de pobres también, pero lo cierto es que, por afortunadas que sean nuestras circunstancias, por mucho que nos quiera la gente que nos rodea o por valiosas que sean nuestras posesiones, algunos no podemos ser felices de verdad si nuestro mundo interior no está a la altura.

Este año me he dado cuenta de que en realidad sí me gusta el verano. No solo me gusta, sino que quizá es la época en la que me siento más yo. ¡Quién me lo iba a decir! El ¿problema? es que mi concepto de verano no concuerda con ese que venden los anuncios de cerveza. No es el de la música, las fiestas y las aglomeraciones. Es un verano silencioso estampado por las sombras de palmeras y celosías. Solo se escucha el canto de las chicharras y el ruido de algún coche a lo lejos. Huele a jazmín. El tiempo pasa muy despacio, el agua del mar y las piscinas apenas se mueve. Y aunque la luz del sol es casi insportable, la oscuridad está siempre presente. Y eso está bien. Es parte de mí.

🎶 La canción

The Black Heart Procession - Tropics of Love

Tropics of love llegó a mi vida hace muchos años, pero no hay verano que no ocupe un puesto de honor en mi ranking de escuchas. Es necesario, además, que una banda oscura y californiana le ponga música a esta carta.

🖤 La víctima


La historia de La Dalia Negra es horrible. Si sois aprensivos, mejor no busquéis nada sobre ella. Hace mucho tiempo me tropecé con su existencia leyendo una guía de Los Angeles mientras visitaba la ciudad y me amargó una comida entera. Tal vez por eso no me había atrevido nunca con el clásico de James Ellroy a pesar de que tiene todo lo que me gusta en una novela negra. Este verano me decidí a hacerlo y, tamizadas por la ficción, Elizabeth Short y su trágica muerte me han acompañado en tumbonas, hamacas y medios de transporte diversos. Es una novela horrible y apasionante.  Quizá porque los asesinatos de mujeres jóvenes y guapas y la fascinación en torno a ellos resumen todo lo que está mal en nuestro mundo.

🥃 El hombre

Una cosa lleva a la otra. No puedo leer una novela ambientada en Los Angeles de los 40 y no pensar a cada párrafo en uno de mis escritores favoritos: Raymond Chandler. ¿Os recomiendo sus libros? Sí y no. Todo Chandler es maravilloso, pero no esperéis que las tramas de sus historias tengan algún sentido en 2017. Si habéis visto El sueño eterno, es muy probable que recordéis la química entre Bogart y Bacall, los diálogos afiladísimos y absolutamente nada de lo que pasa. Lo mismo ocurre con sus novelas, salvo en el caso de El largo adiós. No me gusta releer libros (¡hay tantos por descubrir!), pero este es diferente. Es como volver a casa. 

🐒 La película


No sé cómo serán vuestros mundos interiores, pero puedo describiros perfectamente la entrada del mío. De hecho, podéis verla en el minuto 13 de Sunset Boulevard, cuando el personaje de William Holden entra por azar en una mansión que cree abandonada. Cae un sol de justicia, las palmeras se agitan levemente, y tras una persiana se entrevé en la oscuridad a Norma Desmond, con gafas de sol y turbante, esperando al encargado de organizar el funeral de su chimpancé. ¡Bienvenidos a mi cerebro! Why are you so late?!*

💰 El spam


Desengáñese, a nadie le importará tanto su vida como a su buena y fiel libreta. Ella nunca mirará el reloj mientras usted habla ni recordará súbitamente que dejó algo metido en el horno. Su libreta será su mejor amiga, y por suerte se la puede comprar.

🌴 La prenda

Mencioné los beach pyjamas de los 30 en la nota al pie de una de mi cartas y fue uno de los enlaces más visitados. No me extraña. Por uno de esos movimientos cíclicos de la moda, este verano en cualquier tienda podías encontrar estos pantalones, estampados en todo tipo de motivos tropicales, y espero que aún se mantengan durante uños años. Porque a ver, decidme, ¿con qué otra cosa estás así de cómoda y al mismo tiempo te sientes Carmen Sternwood? Son pantalones muy de mirar el cadáver de tu exprometido flotando en la piscina, mientras apuras tu martini, oyes acercarse las sirenas y confías en que papá extienda unos cheques y se haga cargo de todo el lío. Otra vez.
Aquí os dejo por hoy. ¡Aprovechad los últimos días de verano!

Con cariño,
Carmen

P.D.: Podéis contestarme a esta carta o encontrarme en los clubs más turbios de la ciudad:
P.D.2: Botoncitos para difundir mi palabra:
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P.D.3: ¿Sería absurdo suscribirte a estas alturas? Pues claro que no. Más vale tarde que nunca.
* Aparte de ser una obra maestra del cine, Sunset Boulevard es probablemente la película con las mejores curiosidades de la historia.

 
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