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Foto de André Kertész
Queridos míos:

Me encanta cuando me describís o me mandáis fotos de los lugares donde leéis OLA: jardines, playas, piscinas, terrazas… Me hace genuinamente feliz. Os imagino leyendo mis cartas en vuestros paraísos veraniegos particulares y me siento honrada y orgullosa de haberme colado en ellos. Pero tengo en mi corazón un lugar especial para los que me leéis en la oficina, en el metro o sentados en el banco de un parque comiendo un sandwich a medio día. Algunos me habéis dicho que estas pequeñas lecturas son como burbujas de refugio o evasión y os las guardáis para gastarlas cuando más falta os hacen. Creo que no puede haber para mí mayor halago.

También me habéis contado algunos que el año pasado OLA os ayudó a sobrellevar los típicos meses de infierno estival que todo el mundo sufre unas cuantas veces en su vida. Yo esos veranos tristes de trabajar mientras todo el mundo está de vacaciones, me los conozco bien y lo curioso es que les guardo cierto cariño (ya sabéis, como os dije, desde que soy anciana tengo nostalgia por todo).

Me gusta cuando las calles de Madrid están desiertas y el silencio pega más fuerte que el calor. Me gusta cuando en las oficinas casi vacías se oye el zumbido del aire acondicionado, el burbujeo de las fuentes de agua y apenas unos tímidos tecleos. Me gusta cuando cae la noche y al abrir las ventanas se cuela solo el sonido de unos pocos coches y las risa lejana de alguien en una terraza.


Qué le voy a hacer. Me gusta el verano en la ciudad.

👁 El imaginario

Más imágenes aquí.

🎶 El tema


Para mí el verano en la ciudad no suena exactamente a Summer in the City, sino mucho más tranquilo y algo melancólico. Como esta versión de Insensatez. Pero especialmente si se escucha a lo lejos y por casualidad. Así que abrid la ventana, subid el volumen y hacedle un favor a vuestros vecinos.

📖 La lectura 

La campana de cristal de Sylvia Plath es mi libro preferido y precisamente empieza con uno de esos veranos neoyorquinos sofocantes que todos hemos vivido a menudo en la ficción. Me cuesta mucho ser objetiva con esta novela, porque me maravilla lo bien escrita que está, me reconozco en cada párrafo y me hace reír bastante. Pero en realidad es una historia terrible y autobiográfica sobre la enfermedad mental de una escritora que, como todos sabéis, no acabó muy bien. Así que os advierto: una lectura feliz-feliz-feliz igual no es.

🔥  La precaución ​

En verano las ciudades arden, cada una a su manera. Están esas sartenes castellanas donde te fríes en apenas unos minutos y los hornos de vapor mediterráneos donde la carne se cuece lentamente. Sea cuál sea tu tormento, hay que cuidarse siempre de la flama. Quizá debería haber recomendado este hilo de Twitter a principios de verano pero nunca es tarde para aprender que es mucho más importante bajar las persianas que encender el aire acondicionado. 

👀 La adicción


En las noches de verano, ventanas abiertas y terrazas convierten los bloques de pisos en retablos animados. Ver y oír a los vecinos es tan inevitable como engancharse a sus vidas. La historia de La ventana indiscreta transcurre durante una ola de calor y es una película perfecta para revisitar una de esas noches en las que apenas corre la brisa. Debería ser un  clásico obligatorio en todos los cines de verano.

🙋🏻‍♀️ El spam



Ya está online mi columna de este mes en Vanity Fair. Se titula «El verano de los otros» y la verdad es que me quedó muy OLA. Si os gusta, dadle amor compartiéndola.

🍺 El respiro

Después de un día infernal respirando asfalto, lo mínimo que podéis hacer por tu vuestra salud mental es daros una recompensa. Y si es en forma de cerveza fría no seré yo quien os censure. Las cervezas con limón, tan de moda en verano, me parecen una auténtica desgracia, por lo que no entiendo cómo una con naranja puede gustarme tanto. La Blue Moon es suave, refrescante y capaz de mejorar cualquier noche por calurosa que sea.
Me despido aquí. Esta semana os escribo desde otra franja horaria y cuando esta carta os llegue, estaré durmiendo. Vuestros mensajes y menciones serán lo primero que lea en cuanto despierte, así que ¡decidme solo cosas bonitas!

Con cariño,
Carmen
 
P.D.:

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